28 de octubre de 2015

una ducha meditativa

Os sugiero una práctica que esta mañana he realizado en mi ducha y que espero os ayude, como a mí, a afrontar el día más distendid@s, animad@s y con menos estrés.

A menudo hemos escuchado que meditar es bueno para la salud. Algunos incluso lo estamos descubriendo. Muchas personas piensan que meditar es dejar la mente en blanco cuando, en realidad eso es imposible. Meditar es relajar nuestra mente y alejarla de esos pensamientos que la tienen girando todo el día y no la dejan descansar. Y esto podemos hacerlo de muchas maneras diferentes.

Sentarse a meditar, cuando es una práctica que hemos decidido incluir en nuestra rutina, es maravilloso, pero requiere un rato extra. Sin embargo existen otras maneras de liberar nuestra mente, que podemos realizar al mismo tiempo que tareas obligadas de nuestra rutina.

Hoy mi momento de "meditación activa" ha sido en la ducha. Tan simple. En cinco minutos he conseguido relajar mi mente, alejar los pensamientos, espabilarme y lavarme al mismo tiempo.

¿El truco? te lo cuento para que lo pruebes mañana:

Deja tu toalla cerca, preparada para el momento de la salida. Abre el grifo y, mientras el agua se calienta, proponte relajarte. Entra bajo el agua, en lugar de ducharte como un autómata pensando en lo que tienes que hacer a lo largo del día, simplemente concentra tu atención en los detalles de este momento: cierra los ojos (es importante) y siente el agua caliente caer sobre tu cabeza, deslizarse por tus hombros, mojar todo tu cuerpo y calentar hasta la punta de tus pies. Abre los ojos, coge el jabón o gel de ducha, ponlo en tu mano y huélelo, descubre la frescura de su aroma y, cerrando de nuevo los ojos, extiéndelo por tu cuerpo pensando en los recuerdos que te trae ese aroma, en las emociones que despierta, siente tu mano o la esponja recorriendo el cuerpo, nota cómo se despierta. Llevamos tres minutos. Deja que el agua vaya retirando el jabón y vuelve a centrarte en su temperatura, en el masaje que te regala al caer sobre tu cráneo. Levanta las manos y acerca las yemas de los dedos a la ducha, experimenta la delicia del contactos con los chorrillos de agua. Mira hacia arriba, deja que agua caiga en tu cara y masajee también tus mejillas, investiga sobre lo que siente cada parte de tu rostro en contacto con el agua. ¿quieres ir más allá? saca la lengua y deja que las gotas reboten en ella, nuevo, vibrante.

Lo siento, han pasado los cinco minutos y hay que salir, cierra el grifo, si puedes con los ojos cerrados, coge tu toalla y no dejes que vuele tu relajación, sigue concentrad@ en los cambios de temperatura y el tacto de tu toalla al rozar tu cara y cuerpo.

Y sobre todo, llévate contigo estas sensaciones provocadas en cinco minutos, para que te acompañen durante toda la jornada.

¡¡¡Feliz día!!!

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